sábado, 28 de mayo de 2011

Pensamiento, medios e Internet








El vocerío mediático que rodea a un gran número de ciudadanos, en lo que atañe a los contenidos presentados como tales (no entro aquí a valorar toda la red de ideas y sentidos ocultos en las múltiples manifestaciones indirectas: publicidad, deporte, ocio, entretenimiento no artístico) ha experimentado una evolución proporcional digna de atención a pesar de su simplicidad matemática: a medida que los medios de comunicación se han hecho más masivos, más poderosos y, por inclusión, más ricos económicamente, la elaboración (y hasta la propia naturaleza de los temas) se ha hecho más irrelevante en una relación inversamente proporcional.


Al mismo tiempo, y siguiendo con esta proporción inversa, se ha reducido el número de entidades mediáticas (pese a la diversificación de emisoras de televisión actual, muchas de ella no son sino ramificaciones de un mismo medio).

Un fenómeno digno de atención es que a medida que los mensajes iban adelgazando su valor de relevancia (tanto para el individuo aisladamente como para la vida relacional pública o privada) mantenían la apariencia de lo contrario (sin duda por conservar el mismo formato): los mismos diseños, la misma oficialidad de los telediarios, la misma escenografía de debate de ideas en las inanes, y omnipresentes, tertulias.

A propósito de estas, es llamativo que hoy, cuando más se debate en apariencia en los medios (hasta los programas sensacionalistas han adoptado la escenografía de la tertulia), más "débiles" son los temas tratados y las ideas que los configuran y más rudimentarios son los argumentos usados (sin embargo los efectos, más contundentes). No obstante, la impresión es: en los medios se dialoga, se debate, se piensa... Lo mismo se podría decir del espacio concencido a los géneros de opinión de la prensa escrita con su santoral de columnistas.

El grado de absurdo informativo y reflexivo (pero no formativo, pues lo es y en gran medida) se convierte por la propia naturaleza temporal de los medios, en un círculo que gira, día a día (en la prensa escrita), hora a hora (en la televisiva y radiofónica) como el agua de un sumidero que nunca termina. Por fortuna, el efecto hipnótico de este "círculo" (que daría otro sentido al término "circo" mediático) se rompe a través de Internet: la difusión más masiva que nunca, en tiempo continuo e indefinido y de estructura diversificada. 

El problema de búsqueda de una referencia mediática al pensamiento toma la forma entonces de una exploración y las dimensiones de un infinito archipiélago donde palpitan múltiples fenómenos de inteligencia esperando a encontrar los puentes entre una isla y otra.

Cuando ese pensamiento se produce en el plano político, los puentes permiten la creación de movimientos de intervención en la realidad (no llamada virtual, cuando una y otra están tan íntimamente unidas).

Vemos así como la Red se nos presenta, en el ámbito de los medios sociales de comunicación y frente a los numerosos mensajes de desprestigio intelectual (por el contrario se acepta su prestigio de herramienta comercial) como un medio de recuperación del pensamiento una vez que éste ha sido escamoteado por los medios tradicionales.

Exempla:
1. Durante una semana los medios mundiales se dedican día y noche a dar vueltas sobre el caso de la violación cometida por un presidente del FMI. Apenas se reflexiona sobre la naturaleza de esta institución.

2. Tras la debacle electoral del PSOE los medios analizan hasta el genoma los problemas del partido (de índole doméstica y personalista). Apenas se reflexiona sobre la extrema reducción en el espectro de la gran política de los partidos de inclinación social (y no liberal-económica).

3. La información transmitida desde el Festival de Cannes es apenas analítica del arte cinematográfico y termina, en el último fin de semana, equiparada a las jornadas deportivas: quiniela de posibles ganadores.

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